miércoles, 22 de septiembre de 2010

La patera de Iztacalco

Ciudadanos en red
9 de septiembre de 2010

La patera de Iztacalco

Por Jorge de León Rivera*

Se estableció el canto
Se fijaron los tambores;
Se dice que así
principiaban las ciudades:
Existía en ellas la música.
[Códice Matritense]


Desde la época prehispánica han existido cantares cuyo tema versa sobre lo que sucede cotidianamente en la ciudad, comenzando con los presagios para su fundación, su devenir histórico, hasta sus tragedias y alegrías, que se ven reflejadas en manifestaciones que llamamos folclore, o sea, la cultura tradicional del pueblo.

En el periodo colonial hacia 1790, aparece, se desarrolla y florece en la Ciudad de México la tonadilla escénica, genero lírico de origen español en el que destacan las segundillas y las boleras; estas últimas derivan del baile nacional español llamado bolero, y resumen lo más gracioso y notable que había en el antiguo fandango.

Según Vicente T. Mendoza, âen la Nueva España se sucedieron las cuatro etapas principales de la tonadilla peninsular: infancia, adolescencia y juventud, madurez y apogeo, atrofia y decrepitudâ.

Las boleras se cantaban y bailaban en el vetusto Coliseo de la calle de la Acequia, en una forma muy graciosa y digna, siendo de más movimiento para la mujer que para el hombre; ambos llevaban los brazos levantados -quizá de ahí proviene su nombre- teniendo la pierna recta y describiendo con el pie un arco de círculo.

El género tonadillero echó raíces en pocos años, y así aparecieron El solterito, México adorado, El conejito, La cucaracha, El paseo de Iztacalco, El guapo, La indita, Elcaramba. Infortunadamente la música de muchas de ellas se halla perdida o traspapelada, y sólo algunos ejemplos son recordados por los habitantes de los barrios antiguos de nuestra capital. Como caso de excepción tenemos La patera de Iztacalco, bolera en que se conserva musicalmente el entable o trama, la advertencia, las coplas -en secuencia triple- y el final. El bailable es propiamente una estilización del âXochipitzáhuacâ de Tlaxcala, desarrollado en forma de secuencia melódica; el pregón de la vendedora de patos se incluye tanto al principio como en la parte media y el final. Las coplas son: unas de crítica social, otras satíricas y algunas moralizantes. En el texto se menciona el antiguo barrio de la âCandelariaâ, conocido con los sobrenombres âde los patosâ o âdel rosarioâ y en la época prehispánica como âMacuitlapilcoâ o âCuahtencaâ.

Pertenecía a la parcialidad de San Juan Tenochtitlan y en lo eclesiástico a San Pablo; después pasó a depender de la parroquia de La Soledad. Debe su nombre popular -que perdura en una estación del Metro- al comercio que sus vecinos hacían vendiendo patos que atrapaban en las acequias del barrio durante los meses de otoño e invierno.

En la advertencia aparece el Colasillo o Colás, personaje muy mencionado en la época. En las coplas se hace crítica del mercader, el abogado, el militar, la cantarina o tonadillera, el marido, la mujer, el cómico y el músico, todos ellos protagonistas de la vida citadina.

De capital importancia en la tonadilla es el pregón, grito callejero destinado a anunciar la venta de una mercancía, herencia ancestral muy generalizada en diversas regiones de España. También es necesario destacar el habla de la patera en la que subyace la impronta indígena y el tema central donde se nos comenta que en esta âvida tan tristeâ todo el mundo tiene su artimaña para irla pasando, y âen cualquier destino el bueno es honrado y el malo merece ser avergonzadoâ.


*Jorge de León Rivera es cronista de la Delegación Iztapalapa.

Fuente: Revista A pie, crónicas de la Ciudad, año 3, número 10, oct-dic 2005.



 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario